martes, 12 de junio de 2012

Noche nublada


Nadie sabe, nadie ha visto cuando a veces, bajo al jardín y finjo que puedo bajar la luna. Aferrarla con mi puño cerrar los ojos y sostenerla contra el pecho.
La sugestión es algo interesante, pues casi siento como si la misma luna  me llenara en esas noches. Se siente fría y se siente luminosa, lo que sea que signifique eso cuando yo no abro los ojos hasta haberla devuelto al cielo.

Hoy está nublado, pero igual es una bonita noche. De esas en que cierro los ojos pero para  escuchar los guecos llamando y alguno que otro grillo. Bajo para sentir la frescura que hace parecer que la piel de mi rostro no fuera mía, si no una cubierta, una entidad  separada, una capa que pudiera dejar  atrás con una simple decisión de hacerlo.

Pero dejo el jardín con su frescura, sus hojas de naranja de un árbol que aún no da fruto, sus tomates verdes, aroma a orégano y unas simples y decididas flores; y subo a decirte buenas noches;  que descansés y soñés bonito.
Yo seguramente soñaré con una luna que no  pude ver hoy.
Buenas noches.

martes, 5 de junio de 2012

El Pulso de la Distancia



*



¿Sentís el pulso de la distancia?, es un suspiro, es un latido, es un instante, es una noria, que gira en sentido opuesto a la corriente, es una brisa que pasa y te avisa que eres consciente que algo se ha roto, que las causas presentes resultaron mas fuertes que los intentos, que los aciertos y los consuelos que se ofrecieron y que se perdieron.

Es necesario, tan ordinario tan visto a diario tan cotidiano. Pero igual pasa, igual te alcanza, igual espanta, pero, ¿lo viste?, igual no mata.

El silencio crece, la separación avanza, el desconsuelo arraiga, la desolación te araña las espaldas.

Cuando termine, cuando esto pase, cuando haya muerto el silencio que separa lo que no digo de lo que no escuchas, cuando lo aparte de lo que pienso; cuando esta lucha se asiente y su huella caliente se enfríe en la mente  y el cansancio aparente se vuelva palabras reticentes, sonrisas dudadas, miradas amuralladas entre palabras calladas, ¿Y las habladas?, ¿Las nacidas al mundo?, ¿Las pronunciadas? Heladas sombras desgastadas.

Cuando  todo eso pase  no veo cerrar la brecha. No encuentro en todo el maldito planeta la forma de hablarte, ni de escuchar lo que sientas. No sin recordar las llamaradas que nos consumieron las entrañas, sin repasar las puñaladas que desmenucé entre lo que conversabas y mis espacios vacíos que apagaron tu cándida  mirada.

Y estoy de luto por lo que se nos presenta y no veo forma de zanjar las diferencias, porque si hablo es que no escucho, porque si lucho es que he dicho mucho, porque lastimo sin consideraciones porque no hago reparos en consideraciones; porque me aferré mucho sin esperar nada; y no esperar era una herida sumada, un insulto en tu cara. Pero aferrarme a lo que te daña no era lo que necesitabas.