¿Sentís el
pulso de la distancia?, es un suspiro, es un latido, es un instante, es una
noria, que gira en sentido opuesto a la corriente, es una brisa que pasa y te
avisa que eres consciente que algo se ha roto, que las causas presentes
resultaron mas fuertes que los intentos, que los aciertos y los consuelos que
se ofrecieron y que se perdieron.
Es
necesario, tan ordinario tan visto a diario tan cotidiano. Pero igual pasa,
igual te alcanza, igual espanta, pero, ¿lo viste?, igual no mata.
El silencio
crece, la separación avanza, el desconsuelo arraiga, la desolación te araña las espaldas.
Cuando
termine, cuando esto pase, cuando haya muerto el silencio que separa lo que no
digo de lo que no escuchas, cuando lo aparte de lo que pienso; cuando esta lucha se asiente y su
huella caliente se enfríe en la mente y
el cansancio aparente se vuelva palabras reticentes, sonrisas dudadas, miradas
amuralladas entre palabras calladas, ¿Y las habladas?, ¿Las nacidas al mundo?, ¿Las
pronunciadas? Heladas sombras desgastadas.
Cuando todo eso pase
no veo cerrar la brecha. No encuentro en todo el maldito planeta la
forma de hablarte, ni de escuchar lo que sientas. No sin recordar las llamaradas que nos consumieron las entrañas, sin repasar las puñaladas que desmenucé entre lo que conversabas y mis espacios vacíos que apagaron tu cándida mirada.
Y estoy de
luto por lo que se nos presenta y no veo forma de zanjar las diferencias,
porque si hablo es que no escucho, porque si lucho es que he dicho mucho,
porque lastimo sin consideraciones porque no hago reparos en consideraciones;
porque me aferré mucho sin esperar nada; y no esperar era una herida sumada,
un insulto en tu cara. Pero aferrarme a lo que te daña no era lo que
necesitabas.
* Imagen tomada de http://lacasadelaestrella.webs.com/tarotejerciciosvarios.htm
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